martes, 24 de abril de 2012

Funambulismo

A todos los putos funambulistas les dan un palo para mantener el equilibrio, a todos menos a mí. Hago lo imposible por mantener el equilibrio mientras el viento me despeina; y mientras robo algunos besos a sirenas de piernas de neón, los demás mantienen el equilibrio gracias a su palo. Creo que el mío se me ha metido por el culo. El cable tiembla, llueven astillas y se me escapan entre los dedos. Se me clavan, yo no me las quito, me desangraría. Doy otro paso, me falla una pierna. Me folla la cordura. Adrenalina en estado puro, esa sensación de perder el control, de sentir que en un soplido la vida se te escapa. Me encanta parar el tiempo una milésima de segundo, que Dios le de al pause en el mando, dejarme en manos del azar.
Viene una nube. Es preciosa, blanca y esponjosa. Trae algo escrito, creo que el cielo intenta decirme algo. Me paro a leerla; me leo, me veo, no veo, me ciego, me sangra la nariz y no es de las hostias. Me duele el brazo y no es de escribir, me escuecen los nudillos y no es solo de llamar a puertas. Si tuviese el maldito palo podría defenderme. Y la brisa me escuece en la cara, me tambaleo, noto como alguien tira de una de mis astillas. La sangre brota y ella pone la boca para tapar la hemorragia. Quizás me caiga. No me va a ofrecer su palo, pero con el golpe ya no necesitaré el mío.

No hay comentarios:

Publicar un comentario