“Aquella mañana se levantó cansado, fue dando
tumbos hasta la cocina, a ciegas cogió su taza, y se sirvió 3 dedos del café
más amargo que se podría imaginar, de un sorbo, ni siquiera un gesto de
desagrado en su cara, ni siquiera un gesto en su cara, que parecía no recordar
las sensaciones , tan solo sinuosos parpadeos
que le permitían abrirse paso entre la maleza, llovía, para él eso justificaba las
turbulencias de un día que parecía replegarse sobre sí mismo mientas las gotas
golpeaban contra el cristal del limpiaparabrisas, aquel 30 de febrero era festivo, la ciudad dormía y solo el ronroneo
de su audi rompía aquella perfecta armonía. Sacó su cd, y la banda sonora de su
vida rompió la sinfonía que lluvia le regalaba, flotando sobre niebla condujo
durante un par de horas, sin apenas ver. Guiado por la intuición y por la
familiaridad de aquellas callejuelas se
saltó un par de semáforos, el rojo no le intimidaba, y sumido en su caos
interno se dejó llevar de nuevo en aquella mañana inusualmente cálida con una
luz cegadora le quemaba los ojos, creando sobre el un deseo irrefrenable, los
cerró con fuerza, al volver a abrirlos solo vió oscuridad. Lo invadió esa
sensación de angustia, de una eterna caída en sueños solo sujeto por una cuerda
que el filo de una espada amenazaba con cortar , y mientras se desplomaba por
un precipicio infinito, escuchaba voces familiares, pero estaba ciego, y si
nadie lo despertaba quedaría atrapado en aquel mundo onírico para siempre, quizás no había
tomado suficiente café, a lo mejor se había puesto la corbata de antifaz….. no
lo creo, él sabía que había cerrado los ojos con tanta fuerza que ya no se
acordaba de cómo abrirlos, y cuando pensaba que no había salida, susurros de
esperanza bañaron sus oídos, toda la impotencia y la rabia dejaron paso a la
cordura y a una amarga ternura y a heridas que ya no supuran , y ……. a todo lo que había estado siempre ahí pero que
alguien había empañado con el aliento efímero de autocompasión y la
autocomplacencia.
Al fin su mundo inexplorable, incomprensible, inabarcable, incognoscible, un lugar donde lo bello y lo grotesco van de la mano y crean un aurea inigualable de autenticidad y verdad.
Al fin su mundo inexplorable, incomprensible, inabarcable, incognoscible, un lugar donde lo bello y lo grotesco van de la mano y crean un aurea inigualable de autenticidad y verdad.
Y, aunque aunque le gustase pensar que el reflejo de aquella espada en el agua podía
cegarlo y hacerle estremecerse , a
partir de entonces solo quitaría sus gafas de sol para cruzarse con el
brillo de los ojos que fuesen capaces de despertar en él aquel ya casi olvidado
sentimiento de valentía.

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