Por amor al odio, a ras de sueño arrastro mis pies embarrados, sin mas
pretensiones que la de encontrar algo de consuelo en telefonos descolgados que suenan
en mi cabeza. Quizás el sabor de alguna saliva pueda sedarme, humedecerme el
alma y curar un mutismo emocional que, con las uñas afiladas de algunas manos dibuja en mi piel dédalos imposibles,
regados con la sangre que otros no pudieron beber. No me asusta teñir el cuerpo
del rojo de labios lacerados, quizás sea mi hematofilia o simplemente una
abnegación insana que busca esa vela con
una llama tenue, y apenas luminosidad que pueda lanzar astillas secas a mi
fuego. Quema, pero no más que el infierno
de una vida sin sentir nada. No hay nada, solo un lápiz mordido, un folio en blanco, una taza de café y tripas, sesos y otros órganos descuartizados encima de la mesa.
Muérdeme antes de que me quede sin metáforas para la soledad, antes de que se cierren mis viejas cicatrices, o se abran otras cinco puertas del deseo.
Muérdeme antes de que me quede sin metáforas para la soledad, antes de que se cierren mis viejas cicatrices, o se abran otras cinco puertas del deseo.
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